Fructíferos Como Arboles

Una vez que estamos con Cristo, somos como árboles plantados junto a corrientes de aguas. Un árbol que está junto a un río no teme sequía. No importa que pase alrededor de ese árbol, el árbol tiene todo lo que necesita.

Dios nos ha dado su Espíritu Santo para morar en nosotros en todo tiempo, impartiendo paz y amor. Antes de conocer a Cristo, estábamos plantados en lugar seco y nuestra alegría dependía de las circunstancias externas: si había lluvia y roció fresco y sol cálido estábamos bien. Pero si había oscuridad larga o sequía alrededor, nuestra alegría desaparecía, y podríamos perecer sin nutrientes.

Salmo 1: 1-3: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.

Pero con Cristo, él nos arrancó de nuestra vida vieja en tierra seca e infértil y nos ha plantado junto a corrientes de aguas vivas. Aguas que son Su Espíritu y Su Palabra. Aguas que son la seguridad de salvación y la fuerza para nuestro diario vivir.

Las aguas de cual el Salmista habla son las promesas de Dios, en cuales está su “delicia” y en cuales “medita de día y de noche.” Nuestro gozo ahora no depende de nada más. No importa si no hay lluvia, si está seco, si la economía está mala, si hay guerras, si hay muerte. No. Todo lo que necesitamos lo tenemos ya corriendo por nuestras raíces.

No busque ayuda de las nubes ni lo externo, sino apóyese mas firme en su fundación. Cuando se vea mal afuera, saque mas fuerza del rio por sus raíces, y tendrá todo lo que necesita. Aunque no siempre hay fruto (porque viene en su tiempo), su hoja no caerá. No pelee por sí mismo para sobrevivir, solo dependa de ese río.

Solo habite al lado de las aguas de Jesucristo y tendrá paz y victoria. Refresquese con las palabras de Jesús y busque esas corrientes de agua en la oración.

Juan 4: 11-15: “La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed, pero el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”